martes, 5 de abril de 2011

La lógica del carnaval y su base filosófica

                                    Mijaíl Bajtin y Julia Kristeva


En su estudio sobre Rabelais, Batjin se centra en el carnaval tal como existía en el período anterior al Renacimiento y en este último.
El aspecto más importante del carnaval es la risa. Pero la risa de carnaval no puede equipararse a las formas específicas que adopta en la conciencia moderna. No es meramente paródica, irónica o satírica. La risa de carnaval no tiene objeto. Es ambivalente. La ambivalencia es la clave de la estructura carnavalesca.
La lógica del carnaval, como ha demostrado Kristeva, no es la lógica de la ciencia y la seriedad, cuantitativa y causal, del verdadero o falso, sino la lógica cualitativa de la ambivalencia, en la que el actor es también espectador, la destrucción deja paso a la creatividad y la muerte equivale a renacer.
Por consiguiente, más que un espectáculo que debe observarse, el carnaval es la hilaridad vivida por todos. No hay vida fuera del carnaval. Las personas que participan en él son simultáneamente actores y espectadores. Y, como la risa festiva del carnaval se dirige también contra quienes ríen, la gente que se encuentra dentro de él es tanto objeto como sujeto de risa.
Dicha risa es general, posee una base filosófica y comprende la muerte y la vida. Como tal, la risa de carnaval es una de las formas esenciales de verdad en relación con el mundo.
Para Bajtin, como para Kristeva, la máscara, como la risa, se relaciona con la transición, la metamorfosis, la violación de los límites naturales, la burla y los apodos familiares; la máscara señala la pérdida de la individualidad y la presunción de anonimato y, por consiguiente, la presunción de múltiples identidades. La máscara es la encarnación del movimiento y el cambio.
La lógica del carnaval (la lógica de la ambivalencia) no se reduce a la limitación de oposiciones binarias que establecen límites, sino que equivale al poder del continuo (positivo y negativo). La lógica de carnaval se muestra más próxima a nosotros cuando comprendemos que cualquier acto de habla es esencialmente bivalente (al mismo tiempo Uno y el Otro), de modo que, por ejemplo, la seriedad del discurso académico se basa en la represión de la ambivalencia.
Paráfrasis del pensamiento de Mijaíl Bajtin y de Julia Kristeva. Por John Lechte. Extractado por Javier Caso Iglesias. Plasencia (Cáceres).

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